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Un día cualquiera (Mi primera vez)

Cheshire

Cheshire

Despierto de un sueño profundo que no recuerdo y veo junto a mi cama, sentado en el suelo, un gato. Bueno, en realidad es un gato-hombre, más o menos como el gato de Alicia en el País de las Maravillas, pero no es él. El tele estaba prendido y transmitiendo las noticias matutinas. La radio se escuchaba lejana pero con volumen alto reproduciendo algo que se me antoja a Portishead. El gato me habla y me devuelve a la realidad.

- Buenos días -dice.

- Buenos días -le contesto un poco desorientado. Hay desayuno?

- No, me comí lo que había.

- Qué madre…

Me levanto y camino hacia la cocina, pasando justo al lado del gato. Me preparo un desayuno saludable alto en grasas de tocino, jamón, queso, huevo y todo entre 2 panes con mantequilla; más una taza de café bien fuerte. Mientras dejo todo preparándose a un fuego justo y ya medido, voy al baño y tomó una ducha rauda. Cinco minutos después estoy con sólo los pantalones de trabajar puestos, el torso y los pies desnudos, en el patio de mi casa comiendo delicias dignas de un rey, con el sol matutino dándome de frente y es en ese momento en que vaticino un buen día.

Vuelvo la mirada hacia mi izquierda y reparo en que la música que sonaba lejanamente sí era Portishead y que ahora no es lejana sino más bien fuerte, llena, pesada, enérgica… alguien una vez me dijo “esta es la mejor música para coger, es una experiencia multi-sensorial” y justamente en ese momento lo recordé y no sé por qué me embargó un sentimiento como de nostalgia que no tiene sentido pues no recuerdo haber cogido con esa música. Veo mis matas, esas que ornamentan mi casa, y pienso que debo regarlas así que me levanto, pongo el plato en el suelo (donde yo estaba sentado, bajo el marco de la puerta, donde puedo sentarme en la angosta acera y desde donde si estiro mis piernas puedo tocar el césped húmedo aún por el sereno de la noche anterior) y me dirijo a la cocina nuevamente, a conseguir un recipiente grande para el agua.

De vuelta en el patio, recipiente lleno de agua en mano, todas las matas recibieron sendas gotas de agua revitalizadora, de agua de vida o de vida en agua, de agua en polvo (sólo agregue agua y listo). Pensaba pues “estas matas probablemente ven este día como uno de esos felices, de esos en que cuando el sol te da y te alimentás como se debe es como si 220 voltios pasaran por tu cuerpo y estuvieras completamente listo para todo!”.

- Así es – dijo una voz felina a mis espaldas. No puedo decir que no lo esperara, aunque todavía tengo la maña de imaginar que primero le veo la sonrisa flotando en el aire mientras se va paulatinamente des-invisibilando.

- Así es que? – le pregunto.

- Quiero decir que eso es exactamente lo que estas plantas piensan, justo las oí diciéndolo antes de llegar.

- Pues que bien, no sabía que podía adivinar los pensamientos del reino vegetal.

- No, no podés.

Nuevamente comienzo a caminar y me devuelvo sólo por mi plato de desayuno, ahora un poco frío, el cual termino de comer caminando por la sala. Una vez el último bocado y el último sorbo fueron ingeridos, procedí a terminar de alistarme. Quince minutos después voy saliendo de mi casa.

Al montarme al carro veo al gato-hombre en el asiento de acompañante y sin necesidad de preguntarle sé que me acompañará durante el día. Saco el carro y cierro la puerta del garaje y al caminar hacia el auto nuevamente,  veo un par de nubes grises, fúnebres. Pienso que es normal, pues estos días siempre llueve. También pienso en que aún no he comprado paraguas.

- No lo hagás, de todas maneras siempre lo perdés, es un desperdicio de dinero.

Miro al gato con ojos de “ya sabés q no me gusta q estés urgando en mis pensamientos”, pero evito decirle nada. Para qué? Y repentinamente un sentimiento como de tristeza me embarga sin razón aparente, como si lo vivido justo minutos antes, toda la alegría, toda la esperanza, hubieran sucedido en un mundo muy lejano y diferente al mío. Siento ganas de llorar, pero sólo las ganas, no lloré ni tuve que contenerme para no hacerlo. Si hubiera podido lloraba, pero simplemente no podía, aunque las ganas, el sentimiento como de llorar se quedaron conmigo.

El día transcurrió sin altibajos, hablé con la gente que siempre hablo, hice lo que casi siempre hago durante todo el día, reporté mis avances a mis jefes, vi la hora cada 10 minutos esperando que dijera 17.00 y tomé tantas tazas de café como me lo permitió mi organismo. Lo mismo de siempre. Y durante todo este tiempo estuve triste, con ganas de llorar, con un gato-hombre al lado… entiendo el porqué del gato-hombre pero, a qué se debe la tristeza y las ganas de llorar?

Finalmente fueron las 5 de la tarde y recordé una canción muy mala que se llama Nine in the Afternoon, aunque no tiene relación alguna. Siempre que me pasan cosas pienso en canciones, en música en general, es como si el soundtrack de mi vida estuviera ya definido y yo fuera los parlantes q cantan/silban/cantan-o-silban-en-la-mente la canción correspondiente al momento. De hecho tengo la maña de responder a la frase de una persona con una canción que contenga dicha frase.Ya es hora de irme a casa.

Regreso y de camino pienso en que el día fue tan malo como todos, incluso peor. Y descubrí que ese fue el día más malo de mi vida: hice lo mismo de siempre, nada interesante, mientras el cielo brillaba para unos el mío fue gris oscuro, tuve ganas de llorar todo el día sin poder llorar realmente (aunque como detesto llorar no creo que ello hubiera mejorado la jornada ni un pelo) y me acompañó un gato-hombre que lee la mente y que no sirve para nada más que para vinear.

Llego a casa, bajo del auto y abro la puerta del garaje. Guardo mi carro y cierro la puerta del garaje. Veo al cielo y noto que las nubes se han ido y que hasta un par de estrellas asoman su brillo tímidamente. Al voltear hacia la puerta noto que el gato no está. De seguro anda por ahí en un universo paralelo cercano y cuando menos lo piense aparecerá con alguna frase ingeniosa que me toque el nervio, mientras yo lo sigo imaginando como una sonrisa flotante.

Cansado subo las escaleras, abro la puerta de entrada y camino hacia el cuarto. Pero a la mitad del camino (en lo que llamo el lobby) me detengo y cambio mi caminar hacia la cocina, donde guardo mis cervezas. Abro el refri y cojo una y la abro. Ahhhh ese celestial, armonioso y singular sonido se escuchó por todo el vecindario. Camino al patio, donde veo que las matas están verdes y felices, grandes y robustas. Tomo un trago de birra y pienso que en realidad lo que quiero es un whiskey, por lo que dejo la lata en el suelo y vuelvo a la cocina.

Abro un Ballantine’s que alguien que aprecio mucho me regaló. No sólo la aprecio por el regalo, sino por que sí. Sirvo un trago doble sobre mil quinientos cubos de hielo, camino al cuarto y cojo mis cigarros para luego salir al patio nuevamente. Fumo y tomo y de repente una lágrima sale así nada más de mi ojo derecho. Luego otra del ojo izquierdo. Luego otra y otra y otra más… eran como mil, aunque no llegué a contarlas todas. Ya no tenía ganas de llorar y sin embargo lloraba físicamente, como si lo que no lloré cuando quería lo hacía ahora que no quería. Fue extraño.

Una vez el agua salada ya no corría por mis mejillas y pude nuevamente tomar un pequeño trago de licor, miré al cielo y en medio de un aro de humo vi que estaba completamente lleno de estrellas, como cuando uno va a la playa y mira al cielo y éste está completamente lleno de estrellas, justo así. Era hermoso, tranquilizante… era justo lo que necesitaba. Un sentimiento de felicidad penetró mi ser y desplazó el resto de cosas raras que sentía y que había sentido durante el día. Pero el sentimiento no era completo, era algo similar al llanto sin llanto, era como felicidad vacía, como alegría incompleta, como…

DING – DONG…!!!

DING – DONG…!!!

Camino a la puerta de entrada, la abro y prendo la luz del corredor. En la calle, junto al portón de entrada y con un dedo aún en el timbre había una persona sonriente. Esta vez no traía whiskey bajo el brazo, pero ese instante bastó para que esos cascarones de sentimientos se llenaran con sentimientos de verdad. Por primera vez en el día fui completa y realmente feliz. Por primera vez en el día tuve ganas de llorar y un par de lágrimas de alegría brotaron de mis ojos. Por primera vez no pensé en qué me pasaba, por primera vez no reparé en trivialidades, por primera vez no hubo gato-hombre ni comentarios ingeniosos que me causaran enojo. Y pensé “que bueno, esta es mi primera vez!”.

Janc’z

El viejo sabio

Wise old man

“Acércate” le dijo, desde las sombras de su taller, el viejo sabio a Jeremías, una vez que sin siquiera voltear lo vio (presintió?) parado en el umbral.

Jeremías era un niño curioso por naturaleza, y su intención era desde un inicio entrar. Una vez aprobada esta posibilidad, adentrose en el aposento del viejo, dispuesto a saciar sus ganas de conocimiento. Decidido a ponerse al frente el reto de aprender, para utilizar su cabeza para algo más que su pequeño sombrero de marinero (cómo odiaba ese sombrero!!! Pero su madre creía que era lo mejor que un niño de 10 años podía usar). Lee más »